La mujer y el poder de votar
A
Colombia todo le ha llegado tarde, no en vano, el expresidente Alfonso López
Michelsen la denominó en su momento como el “Tíbet de Suramérica”. Las
conquistas civiles tan normales en el mundo desarrollado, acá han llegado a
cuenta gotas. La Constitución de 1886, clerical y pretora de la moral, condenó
al país a mas de cien años de atraso civilista, tiempo en el cual, la
exclusión, las guerras, los pulpitos incendiarios y la atronadora verborragia
de los llamados “presidentes gramáticos” nos envolvió en una espiral de
violencia de la que aún no salimos.
La
más inmoral quizás de dichas exclusiones fue la de la mujer en la política.
Nueva Zelanda, por ejemplo, promulgó el voto femenino en 1893, siendo una de
las naciones pioneras en el mundo, a Colombia este derecho llegó tan solo 61
añitos después. Que estemos en la prehistoria comparados con los países
desarrollados, pues hasta uno se la pasa, pero que lo estemos con los de la
región, nos pone en una perspectiva desoladora.
Uruguay,
la pequeña nación oriental de Suramérica, fue el primer Estado en aceptar el
voto femenino en 1927, luego lo logró Ecuador en 1929 y Brasil en 1934.
Nuestros vecinos fulguraban en la modernidad política, mientras nosotros, tan
arcaicos como siempre, veíamos en el frente nacional, la máxima creación
electoral de la época.
Lo
irónico para el país, no es haber estado últimos en este ranking, total es una
costumbre, acá llegó la televisión 35 años después de su invención, la radio 12
años después, las computadoras cuarenta años después y la tecnología 5G que hoy
se presenta como un logro postmodernista, es algo que los suecos disfrutan hace
diez años.
Lo
verdaderamente irónico, es que este derecho lo haya promovido un dictador. El
mismo año en que llegó la televisión, las mujeres pudieron votar en el país, en
1954, logros ambos de Gustavo Rojas Pinilla. La primera mujer en tener cédula
fue la primera dama doña Carola Correa de Rojas Pinilla, a quien se le expidió
el documento número 20.000.001 de Bogotá y solo hasta el primero de diciembre
de 1957, 1.835.255 mujeres participaron en un proceso electoral en Colombia,
quién lo creyera, en un plebiscito para preguntarle a los ciudadanos si querían
o no la paz. Un chiste.
Pero
el camino hacia ese logro histórico no fue fácil, Colombia, uno de los más
feudales países de la region, patriarcal y machista, puso todas las trabas
posibles a las mujeres, en el tortuoso camino de equipararlas con los hombres,
al menos legalmente. En 1867 se creó la Universidad Nacional de Colombia, y tan
solo 67 añitos después, se presentó al Congreso un proyecto de ley para que las
mujeres pudieran ingresar a la educación superior en 1934. Gerda Westentorp
Restrepo fue la primera mujer en matricularse en una Universidad en el país en
1935.
Esmeralda
Arboleda, fue la primera mujer congresista elegida en Colombia por el Valle del
Cauca en 1958, tan solo 148 añitos después de ser una república independiente. Su
primer proyecto de ley consistió en eliminar del código civil toda forma de
discriminación legal contra la mujer, en el Congreso la mano “in visible” de la
iglesia lo impidió.
Fue
el dictador Rojas Pinilla – otra vez-, quien rompió el molde y nombró a
Josefina Valencia como la primera mujer Ministra de Estado en la historia, en
la cartera de educación en 1956, después de un jurgo de ministros inanes. Ella
también fue la primera gobernadora del Cauca, pues la señora resultó hermana
del expresidente Guillermo León Valencia y tía abuela de Paloma.
Helena
Benítez, fue la primera mujer alcaldesa en Colombia. En 1955 el gobernador de
Caldas la nombró alcaldesa de Riosucio, la friolera de 145 añitos después de
alcanzar la independencia. Lo curioso de este nombramiento es que el gobernador
era un coronel y el dictador un general, tuvo que llegar la bota armada al
poder para legitimar los derechos civiles de la mujer.
En
1932, mediante la ley 28 del mismo año, se implantó la obligatoriedad de llevar
el apellido de casada o de viuda. La misma ley, sin embargo, dio el derecho a
la propiedad privada a la mujer. Durante 122 añitos sin permiso del marido, la
mujer no podía trabajar por un salario, comprar o vender propiedades, ni ser
parte civil en un juicio: más de un siglo siendo porcelana de repisa. Aunque
las mujeres podían tener cierta autonomía patrimonial, la obligación de usar el
“de” en su apellido, le recordaba su subordinación al marido.
Betsabé
Espinal, fue la primera mujer que lideró una huelga laboral en 1920, en la
fabrica de tejidos de Bello. Al frente de 400 mujeres exigió la igualdad
salarial entre hombres y mujeres y la paridad de los horarios (las mujeres trabajan
mas y ganaban menos, asi como hoy día).
Juana Béjar, fue la primera mujer con rango militar en el ejército en
1819, siendo sargento primero, aportando a la causa libertadora. Sin embargo,
solo hasta el 2023, las mujeres podrán prestar el servicio militar voluntario
en el país, tan solo 213 añitos después de conformado el ejército.
Son
muchas las mujeres que han aportado al país y al mundo, pero siguen siendo
minoría en los espacios deliberativos. Solo seis gobernadoras de 32 posibles,
solo 146 alcaldesas de mas de 1102 posibles, siguen siendo cifras muy bajas en
un país como el nuestro. La mujer a pesar de su emancipación laboral y
profesional, sigue estando marginada de los grandes procesos sociales. Que este
día solo sea un pretexto para darles su imponderable valía, puede que los
hombres se crean el hilo, pero ellas son las manos que tejen.


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